Oraciones para el camino

BENDICIÓN DE LOS PEREGRINOS

OREMOS
Señor Jesús, tú que peregrinaste por primera vez a los doce años desde Nazaret hasta el Templo de Jerusalén para mostrar a los hombres que viniste a cumplir la Voluntad del Padre; bendice a estos hijos tuyos que van a peregrinar al Castillo de Javier. Sé para ellos compañero en la marcha y aliento en el cansancio para que con tu protección lleguen con espíritu renovado al término de la peregrinación y vuelvan a casa con el deseo de ser testigos de Cristo, como Javier.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
INVOCACIONES
- Que Jesucristo dirija vuestros pasos con su gracia y que sea vuestro compañero fiel en vuestra marcha a Javier. Amén.
- Que la Virgen, Santa María de Javier, os proteja en esta Javierada y bajo su manto podáis llegar jubilosos al Castillo de Javier. Amén.
- Que San Francisco Javier os acompañe a lo largo del camino en esta aventura del ser testigos de Jesucristo. Amén.

SALMO PARA EL CAMINO
Indícame tus caminos, Señor; enséñame tus sendas.
Que en mi vida se abran caminos de paz y bien, caminos de justicia y libertad.
Que en mi vida se abran sendas de esperanza, sendas de igualdad y de servicio
Encamíname fielmente, Señor.
Enséñame tú que eres mi Dios y Salvador.
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu lealtad nunca se acaban;
no te acuerdes de mis pecados.
Acuérdate de mí con tu lealtad, por tu bondad, Señor.
Tú eres bueno y recto, y enseñas el camino a los desorientados.
Encamina a los humildes por la rectitud, enseña a los humildes su camino.
Tus sendas son la lealtad y la fidelidad,
para los que guardan tu alianza y tus mandatos.
Porque eres bueno, perdona mi culpa.
Cuando te soy fiel, Señor, tú me enseñas un camino cierto.
Con mis ojos puestos en tí, que me libras de mis amarras y ataduras.
Vuélvete hacia mí y ten piedad, pues estoy solo y afligido.
Ensancha mi corazón encogido y sácame de mis angustias.
Mira mis trabajos y mis penas, y perdona todos mis pecados.
Señor, guarda mi vida y líbrame de mí mismo.
Señor, que salga de mi concha y vaya hacia ti,
y que no quede defraudado de haberme confiado a ti.
Indícame tus caminos, Señor, tú que eres el Camino.
Hazme andar por el sendero de la verdad, tú que eres la Verdad del hombre.
Despierta en mí el manantial de la vida, tú que eres la Vida de cuanto existe.


 SALMO DURANTE EL CAMINO

Señor Jesús, eres luz para mi camino,
eres el Salvador que yo espero.
¿Por qué esos miedos ocultos?. ¿A quién temo, Señor?.
La vida es como una encrucijada,
y a veces indeciso no sé por dónde ir.
Creo en ti, Señor Jesús.
Tú eres la defensa de mi vida.
¿Quién me hará temblar?.
Lo sé de sobra: seguirte es duro,
¡hay tantas cosas fáciles de conquistar a mi lado!.
Yo sé, Señor, que si me dejo llevar por ellas,
me amarrarán hasta quitarme la libertad que busco.
Yo sé que, si te sigo y me fía de ti,
los obstáculos del camino caerán como hojas de otoño.
Aunque la mentira y la violencia acampen contra mí,
aunque el dinero y el placer me rodeen como un ejército,
mi corazón, Señor Jesús, no tiembla.
Aunque la publicidad fácil me declare la guerra
y mis ojos encuentren en cada esquina
una llamada a perder mi dignidad humana,
mi corazón dirá que no, porque en ti me siento tranquilo.
Una cosa te pido, Señor, y es lo que busco:
vivir unido a ti, tenerte como amigo
y alegrarme de tu amistad sincera para conmigo.
En la tentación me guarecerás,
algo así como el paraguas de la lluvia;
en la tentación me esconderás en un rincón de tu tienda,
y así me sentiré seguro como sobre roca firme.
Señor Jesús, escúchame, que te llamo.
Ten piedad. Respóndeme, que busco tu rostro.
Mi corazón me dice que tú me quieres
y que estás presente en mí,
que te preocupas de mis problemas
como un amigo verdadero.
Busco tu rostro: no me escondas tu rostro.
No me abandones, pues tú eres mi Salvador.
Dame la certeza de saber que,
aunque mi padre y mi madre me abandonaras,
tú siempre estarás fiel a mi lado.
Señor, enséñame tu camino, guíame por la senda llana.
Yo espero gozar siempre de tu compañía.
Yo quiero gozar siempre de tu Vida en mi vida.
Espero en ti, Señor Jesús:
dame un corazón valiente y animoso para seguirte.
Tú que eres luz para mi camino y el Salvador en quien yo confío.
(Ps. 26)
ORACIÓN PARA EL CAMINO
Acudamos al Señor desde nuestra debilidad y usemos las palabras del Evangelio.
Somos pobres y débiles para acoger la llamada del Señor.
Digamos con toda humildad:
Con San Pedro te decimos: "Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo".
Con la Samaritana te decimos: "Dame esa agua que salta hasta la vida eterna".
Con Santo Tomás te invocamos: "Señor mío y Dios mío".
Con la mujer Cananea acudimos diciendo: "Señor, ayúdame".
Y con Pedro en el lago: "Aparta de mí, Señor, que soy un gran pecador".
Con los dos leprosos de Samaria te suplicamos: "Jesús, hijo de David, ten compasión de nosotros".
Y con los discípulos en la tempestad: "Señor, sálvanos que perecemos".
Y con Pedro en la montaña: "¿A dónde iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna".
Con el Buen Ladrón te decimos: "Acuérdate de mí, cuando estés en tu Reino".
Y con el Centurión: "¡Verdaderamente éste era el Hijo de Dios!".