Entrevista a Mons. Francisco Pérez González / Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Por María-Teresa Gutiérrez de Cabiedes 
(Periodista)

1. Desde 1940 el pueblo de Navarra peregrina todos los años al Castillo donde nació san Francisco Javier. En la última década esta marcha a pie recibe peregrinos de muchos otros lugares. ¿Es sólo una tradición hermosa, o de algún modo se está manifestando una sed creciente de encontrar a Dios en el camino de la vida?

Respuesta: Recuerdo que hablando con el papa Francisco –en visita Ad Límina- nos decía que cuidáramos las manifestaciones de las Peregrinaciones y Romerías para que los fieles se encontraran con el evangelio de Jesucristo y pudieran recibir el sacramento de la penitencia. Nos decía: “¡Cuiden que haya confesores!” Desde hace muchos años esto se cuida muy bien en las peregrinaciones a Javier y muchos, al coincidir con el tiempo cuaresmal, lo viven intensamente. Por eso no sólo es una tradición hermosa como si de una pasarela se tratara. Estoy seguro de que en el corazón de todos los peregrinos hay una búsqueda de Dios. La razón fundamental es religiosa
y de ahí se deduce que quien se acerca a Javier lleva consigo un deseo de cambiar su vida, de encontrarse con el misterio de la fe, de sorprenderse ante la fuerza arrolladora del gran santo Francisco de Javier… Muchos son los motivos que empujan a realizar la marcha o peregrinación a Javier. Creo que en todos se despierta algo nuevo y la mayoría lo vive con profunda devoción.
    
2. La Iglesia ha concedido un Año jubilar Javeriano para conmemorar el 75 aniversario de esta peregrinación. La posibilidad de obtener una indulgencia plenaria es una gracia grande. Pero ¿realmente cree usted que hoy la gente sabe y valora una indulgencia o la considera algo de otra época?

Respuesta: Al celebrar los 75 años de las Javieradas pensamos en pedir al papa Francisco, a través de la Penitenciaría Apostólica, que nos concediera un Año Jubilar y al poco tiempo, a finales de noviembre, recibimos el Decreto por el que se nos concedía dicha gracia jubilar  para el período del 3de diciembre de 2014 hasta el 3 de diciembre de 2015. En total un año. Creo que conviene explicar lo que significa un Año Jubilar y que durante este período  nos podemos lucrar de la indulgencia plenaria. Lo he explicado en la carta pastoral que he escrito con motivo de este evento, pero conviene refrescar el significado de las indulgencias. El Catecismo de la Iglesia Católica lo explica muy bien en los números 1471 hasta el 1479. La indulgencia es la remisión ante Dios de la “pena temporal” por los pecados cometidos, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos. Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias. La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la “pena temporal” debida por los pecados en parte o totalmente. Para conseguir la indulgencia plenaria se requiere: 1º Confesarse personalmente ante un sacerdote. 2º Asistir a la Eucaristía y comulgar. 3º Rezar por las intenciones del Papa. Sin olvidar la ayuda a los necesitados.

3. Quizás las heridas del pecado son muy obvias en nuestros días: desesperanza, soledad, sin sentido, odio en las familias, guerra en el mundo, corrupción a muchos niveles. Las peregrinaciones nos hablan de la vida como viaje personal hacia la conversión. ¿Cómo hacer para que esa marcha multitudinaria trascienda a nuestra vida personal y no quede en un folklore devoto?

Respuesta: En la vida siempre encontramos momentos y circunstancias que nos ayudan a discernir si vamos por el buen camino o vamos desviados. Los santos son los mejores guías que nos ayudan a mirar la vida de distinta manera a la que nos puede llevar la corriente del materialismo, del relativismo, del pansexualismo y del hedonismo. Contemplar a San Francisco de Javier nos hace recordar la frase que a él le cambió radicalmente: “¿De qué te sirve ganar el mundo entero si pierdes tu alma?” La vida tiene sentido si la invertimos bien. Y la inversión mejor es la salvación eterna para gozar del Reino de Dios en eternidad. Por eso creo que una auténtica peregrinación nos debe llevar a cuestionarnos si vivimos para Dios o vivimos para nosotros mismos.
  
4. Uno de los rasgos más sobresalientes de las Javieradas es la participación de distintas generaciones. ¿Le genera esperanza, como pastor de esta diócesis, que el santo patrón pueda regenerar la familia desde ahí?

Respuesta: Es habitual ver en las Javieradas a familias enteras. Es más, creo que no se entiende la Javierada sin la familia. Le ruego y pido mucho a San Francisco de Javier que cuide a la familia. Es un momento muy delicado puesto que estamos observando un deterioro muy peligroso en la familia. Por eso creo que las peregrinaciones han de servir para fomentar este espíritu de unidad  y amor en la familia. La Iglesia apuesta por la familia y lo estamos viendo con motivo del próximo Sínodo de Obispos que se celebrará en Roma,  junto con el papa Francisco,  en el mes de octubre de 2015.

5. Otro de los rasgos de las Javieradas es su "ecumenismo intraeclesial". La Iglesia se pone en camino con la meta de anunciar el Evangelio, más allá del nombre del grupo, su espiritualidad... ¿En qué medida se puede dar este testimonio al mundo durante el resto del año?

Respuesta: La razón de ser de la Iglesia es lo que deseó Jesucristo: “Padre que sean uno para que el mundo crea” Esta oración de Jesucristo se hace viva y requiere una respuesta por parte de los miembros de la Iglesia. Aún hemos de crecer mucho más, nos falta dar pasos más cercanos los unos de los otros. La comunión fraterna es la mejor evangelización, puesto que es reflejo de la vida en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es un gran reto para todo el año. Las peregrinaciones nos ayudan a mirarnos mucho mejor los unos a los otros y a aventurarnos en este deseo de Cristo: “En esto conocerán que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros”. ¡El testimonio va haciendo camino evangélico!